jueves, 24 de mayo de 2012

EN LA HABITACIÓN DISPERSA

Viraje decisivo

(...)
¿Mirando desde hace cuánto tiempo?
¿Desde hace cuánto tiempo privándose ya íntimamente
suplicando en el fondo de la mirada?
Cuando él, que vivía en la espera, un país extranjero,
sentado en la habitación de un albergue,
sentado en la habitación dispersa, alejada de él, que
lo rodeaba de un ambiente taciturno, y en el espejo evitada
de nuevo la habitación,
y más tarde, vista desde el fondo de su torturadora cama, 
otra vez la habitación:entonces deliberaba esto al vacío,
imperceptiblemente, deliberaba a propósito de su corazón sensible,
esto deliberaba y juzgaba ese corazón:
no poseía nada del amor.
(...)
Rainer María Rilke. Fragmento de un Viraje decisivo

Kértesz



...DURANTE EL DIA HABLA A MENUDO EN VOZ ALTA...

Ewald vuelve a casa mas pronto, toma su té y se queda despierto hasta bien avanzada la noche, leyendo o trabajando. Cada vez que la ve se sienta a su lado, sonríe, y así su habitación se va volviendo más entrañable. Ahora se ocupa más de ella, lleva flores a casa, y durante el día habla a menudo en voz alta, como si ya no tuviera ningún secreto para estas cuatro paredes.(...)
 El joven encuentra todavía muchas cosas a favor del nuevo emplazamiento, como por ejemplo: que así puede mirar directamente a través de la ventana. Es como un cuadro. Este patio, donde los castaños pierden las hojas tan despacio(Pero¿son realmente castaños?) Una antigua fuente de piedra, totalmente oculta, mana y mana, como si fuera una canción, como un acompañamiento de todo...Incluso tiene un bajo relieve en la base. Sí, si se pudiera ver lo que representa. Lástima, oscurece tan pronto, habrá que encender las luces ahora mismo. Por otro lado, cuando fuera no sopla viento, como ahora !qué lentas caen las hojas entonces, que ridículamente lentas...! una de ellas se queda casi quieta en el denso aire húmedo y mira hacia dentro, tan cerca que la nariz se le aplasta contra los cristales, y las facciones adquieren un aire aplatanado, vampiresco, febril...

            Rainer María Rilke. Ewald Tragy

Paul Klee-El artista escribiendo en la ventana-1900
Rainer Maria Rilke
Rilke en Meudon-1900

lunes, 21 de mayo de 2012

El cuarto de trabajo de F.

El cuarto de trabajo de Kafka descrito por Max Brod daba a la calle Niklas, muy a la izquierda en el piso superior tenía una ventana. Desde allí se podía contemplar una figura humana de estilo barroco de tamaño mayor que el natural, adosada a la iglesia rusa.

Túmulo de Heinrich Von Kleist

Estar solo en una habitación

Jueves por la mañana

La calle es ruidosa, además están construyendo en la esquina opuesta, la casa de enfrente no es la iglesia rusa, sino una casa de departamentos llenos de gente; no obstante..., estar solo en una habitación es tal vez una condición necesaria de la vida, estar solo en una casa-para ser exacto: temporalmente-una condición necesaria de la felicidad (una condición, porque de que me serviría la casa si no viviera, si no tuviera una patria donde descansar, por ejemplo dos ojos vivaces celestes, animados de incomprensible piedad), pero así la casa forma parte de mi felicidad, todo en silencio, el cuarto de baño, la cocina, el vestíbulo, las tres habitaciones, sin ese ruido de las casas de departamentos, ese ambiente de burdel, ese incesto de los cuerpos; los pensamientos y los deseos irrefrenables han perdido hace rato el dominio de sí mismos donde en todos los rincones, entre todos los muebles surgen relaciones prohibidas, cosas impropias, fortuitas, criaturas ilícitas, y donde nada se parece nunca a tus silenciosos suburbios vacíos del domingo, sino a los salvajes suburbios abarrotados y sofocantes de un ininterrumpido sábado por la tarde. 
                                                                             F
                                                                                                                    
                                                                                                                                    Franz Kafka, Cartas a Milena Jesenská



martes, 8 de mayo de 2012

EN LA ESTRECHEZ DE ESAS CUATRO PAREDES

"Cada mañana, después de levantarse, Simon tendía su cama e iba luego a la cocina a preparar el cacao, realmente muy sabroso, para alegría de su hermana, pues también en este caso estaba atento al detalle que da a cualquier preparación, por modesta que sea, la perfección requerida. Se encargaba asimismo, como si fuera algo obvio y no exigiera esfuerzos ni estudios previos,  de encender la estufa y mantener el fuego, así como de limpiar la habitación de Hedwig, tarea en la que mucho le ayudaba su pericia en manejar escobas largas. Abría las ventanas para que entrase aire fresco en la habitación, pero volvía a cerrarlas debidamente cuando creía llegado el momento, con el fin de tener un espacio caliente y perfumado al mismo tiempo. En floreritos distribuidos por todo el cuarto, seguían viviendo las flores arrancadas fuera, en la naturaleza, que difundían su aroma en la estrechez de esas cuatro paredes. Las ventanas tenían cortinas sencillas, pero vistosas, que contribuían a realzar la luminosidad y la alegría de la alcoba. Cubrían el piso cálidas alfombras que Hedwig había mandado hacer con restos de telas, encargándolas a reclusos pobres sumamente hábiles en la ejecución de tales menesteres. En una de las esquinas había una cama y en la otra un piano; entre ambos, un viejo sofá de forro floreado, y, delante, una mesa bastante grande con sillas a los lados. En la habitación había también un lavabo, un pequeño escritorio con su cartapacio y una estantería repleta de libros; en el suelo se veía una caja puesta boca abajo y recubierta de un paño suave, para sentarse y leer, ya que leyendo surgía a veces la necesidad de estar cerca del suelo y sentirse oriental; también había una mesita de costura con un pequeño cesto en el que se guardaba todo aquel extraño instrumental, indispensable para una muchacha de costumbres caseras, una curiosa piedra redonda provista de matasellos y sello, un pájaro, un atado de cartas y tarjetas postales, y, en la pared, un cuerno para soplar, una copa para beber, un bastón con un gran garfio, una mochila con su cantimplora y una pluma de cola de halcón. De las paredes colgaban, además, varios cuadros pintados por Kaspar, entre ellos un paisaje vespertino con bosque, un tejado visto desde una ventana, una ciudad gris entre la niebla(que era el preferido de Hedwig), una excursión al río, de suntuoso y vesperal cromatismo, una campiña en verano, un Don Quijote a caballo y una casa tan incrustada en una colina que bien podía decirse con el poeta:"Ahí detrás hay una casa". Sobre el piano, cuya tapa estaba cubierta por un paño de seda, se veía un busto de Beethoven de color verde bronce, algunas fotografías y un delicado cofrecillo vacío, recuerdo de la madre. Una cortina que más parecía un telón de boca separaba ambas habitaciones y a los dos durmientes entre sí. Por la tarde, el cuarto de la maestra adquiría un aire de peculiar intimidad cuando se encendía la lámpara y se cerraban los postigos. Y de mañana el sol despertaba en él a una durmiente bastante reacia a abandonar su lecho, aunque al final se viera obligada a hacerlo."
Robert Walser. Los hermanos Tanner 


Karl Walser

Karl Walser

Karl Walser

Karl Walser

Karl Walser