Jueves por la mañana
La calle es ruidosa, además están construyendo en la esquina opuesta, la casa de enfrente no es la iglesia rusa, sino una casa de departamentos llenos de gente; no obstante..., estar solo en una habitación es tal vez una condición necesaria de la vida, estar solo en una casa-para ser exacto: temporalmente-una condición necesaria de la felicidad (una condición, porque de que me serviría la casa si no viviera, si no tuviera una patria donde descansar, por ejemplo dos ojos vivaces celestes, animados de incomprensible piedad), pero así la casa forma parte de mi felicidad, todo en silencio, el cuarto de baño, la cocina, el vestíbulo, las tres habitaciones, sin ese ruido de las casas de departamentos, ese ambiente de burdel, ese incesto de los cuerpos; los pensamientos y los deseos irrefrenables han perdido hace rato el dominio de sí mismos donde en todos los rincones, entre todos los muebles surgen relaciones prohibidas, cosas impropias, fortuitas, criaturas ilícitas, y donde nada se parece nunca a tus silenciosos suburbios vacíos del domingo, sino a los salvajes suburbios abarrotados y sofocantes de un ininterrumpido sábado por la tarde.
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