"Un cuarto con nadie adentro"
Sobre el soneto en -ix de Mallarmé, Calasso refiere que éste lo escribió "con la intención de ayudar al grabador que debía ilustrar el poema con un aguafuerte". Mallarmé lo veía "pleno de sueño y de vacío". De todos modos la ilustración no llegó a realizarse, el soneto fue rechazado porque seguramente se lo juzgó incomprensible. Así fue como Mallarmé resumió su poema: "Por ejemplo, una ventana nocturna abierta, pero con las dos persianas cerradas: un cuarto con nadie adentro, a pesar del aire estable que ofrecen las persianas cerradas y, en una noche hecha de ausencia, de interrogación, sin muebles salvo el esbozo plausible de vagas consolas, el marco, belicoso y agonizante, de un espejo colgado al fondo, con el reflejo estelar e incomprensible, de la Osa Mayor, que enlaza al cielo solo esta habitación abandonada al mundo".
El año de 1866 es según Calasso cuando la poesía de Mallarmé abandona el mundo exterior y se recluye en una habitación; ésta habitación coincide con el espacio de la poesía.
Habitación, estancia vacía, un templo vacío en el que no habitan los ídolos, vacante de imágenes. La literatura restaura y reencuentra a los ídolos fugitivos, el estado de ausencia del espejo.














