domingo, 23 de junio de 2013







"Un ser distinto, aunque sea un descendiente del poeta maldito. Se han cerrado las puertas del infierno y al poeta ni siquiera le queda el recurso de Adén o de Etiopía, errante en los cinco continentes, vive siempre en el mismo cuarto, habla con las mismas gentes y su exilio es el de todos"
Octavio Paz. Cuadrivio. La palabra edificante. Luis Cernuda



El modesto cuarto que el poeta ocupaba en el pabellón universitario de Peterson Lodge. Le sorprendió el "perfecto orden", la "minuciosa colocación de los escasos libros", "la nitidez que se respiraba en el ambiente y un detalle": un marco vacío y dorado.


Era el interior monástico, austero, desnudo, tan próximo a la celda de un monje en que Luis Cernuda solía refugiarse durante los años de su exilio(pequeña habitación de paredes desnudas, anaqueles semivacíos, con escasos libros, que reconocemos habitualmente en tantas fotografías de otros exiliados republicanos, siempre ligeros de equipaje).


Nuestro poeta nunca tuvo un hogar propio, invariablemente ocupó un cuarto en calidad de huésped o inquilino.


José Teruel. Los años norteamericanos de Luis Cernuda  






viernes, 28 de diciembre de 2012

EL CANSANCIO DE LA SOLEDAD EN LA HABITACIÓN




En Ensayo sobre el Cansancio , Peter Handke describe la genealogía de ese estado físico y mental como la experiencia de un sufrimiento ,"unos cansancios terribles" que consistían en deformar las cosas hasta límites insospechables convirtiendo lo que tenía a su alrededor en figuras pavorosas.
 Handke recuerda entonces, en su infancia, una misa de gallo convertido el mismo en elefante y que ante esa transformación grotesca sentía la necesidad de escapar, de salir fuera de la iglesia, pidiendo a los adultos que le sacaran de allí.

En cambio, en su época de estudiante, el "cansancio de las aulas", el "cansancio del oyente" se convertía en desgana y hostilidad pero ésta vez, al contrario de lo que sucedía en casa de sus padres, entonces no tenía escapatoria, no podía salir fuera, escapar, porque se encontraba solo en una ciudad, en una casa, en una habitación alquilada, en la soledad más absoluta.

Pero¿qué era lo que había que temer en este cansancio? ¿No es verdad que en el cuarto, junto a la silla y la mesa, estaban allí mismo la cama? En dormir, como evasión, no se podía ni pensar: para empezar, aquel tipo de cansancio tenía como efecto una parálisis desde la que, por regla general, ni siquiera se podía doblar el dedo meñique; mas aún, apenas se podía parpadear; incluso la respiración parecía haberse detenido, de tal forma que uno se sentía petrificado en lo más íntimo, convertido en una estatua de cansancio; e incluso cuando uno había hecho el esfuerzo de meterse en cama, después de una rápida evasión hacia el sueño, algo parecido al desmayo-ninguna sensación de sueño-, a la primera vuelta que uno se daba, se despertaba y se sentía en el insomnio, las más de las veces noches enteras, porque el cansancio de la soledad en la habitación acostumbra a irrumpir siempre a media tarde, o al empezar el atardecer, con el crepúsculo. Del insomnio ya han hablado otros bastante: de cómo al final llega incluso a determinar la visión del mundo del insomne, de tal forma que, con la mejor voluntad, sólo puede ver la existencia como una desgracia, cualquier actividad como algo sin sentido, cualquier amor como algo ridículo. De cómo el insomne está tumbado hasta el alba, hasta la pálida luz que para él significa la condenación, una condenación que va más allá de uno mismo, en su infierno de insomnio, que alcanza a la totalidad del ser humano, un ser fracasado que se encuentra en un planeta que no es el suyo.
Peter Handke. Ensayo sobre el Cansancio 



domingo, 9 de diciembre de 2012

MI HABITACIÓN ESTABA EN UNA BUHARDILLA



"Ahora trabajo de noche. Desde las doce hasta las cinco de la mañana. El mes pasado, mi habitación, Rue-Monsieur-le-Prince, daba sobre un jardín del liceo Saint-Louis. Había unos árboles enormes  bajo una estrecha ventana. A las tres de la mañana, la vela mengua: todos los pájaros gritan a la vez en los árboles: se acabó. No más trabajo. Tenía que mirar los árboles, el cielo, arrebatados por esa hora indecible, primera de la mañana. Veía los dormitorios del liceo, absolutamente solos. Y el ruido rítmico, sonoro, delicioso de las carretas en los bulevares. Fumaba mi pipa-martillo, escupiendo sobre las tejas, porque mi habitación estaba en una buhardilla. A las cinco, bajaba a comprar un poco de pan; es la hora. Los obreros están ya en movimiento. Para mí es la hora de emborracharme en las botillerías. Volvía a comer y me acostaba hasta las siete de la mañana, cuando el sol hace salir las cochinillas de debajo de las tejas"

                                                              Arthur Rimbaud


Hotel Pimodan-Paris
Deborah Turbeville







VIRAJE DECISIVO

Cuando él, que vivía en la espera, un país extranjero,
sentado en la habitación de un albergue,
sentado en la habitación dispersa, alejada de él, que
lo rodeaba de un ambiente taciturno, y en el espejo evitada
de nuevo la habitación,
y más tarde, vista desde el fondo de su torturadora cama,
otra vez la habitación:entonces deliberaba esto al vacío,
imperceptiblemente, deliberaba a propósito de su corazón sensible,
en el fondo de su cuerpo trastornado de dolor,
de su corazón a pesar de todo sensible,
esto deliberaba y juzgaba ese corazón:
no poseía nada del amor.

Kertesz

jueves, 24 de mayo de 2012

EN LA HABITACIÓN DISPERSA

Viraje decisivo

(...)
¿Mirando desde hace cuánto tiempo?
¿Desde hace cuánto tiempo privándose ya íntimamente
suplicando en el fondo de la mirada?
Cuando él, que vivía en la espera, un país extranjero,
sentado en la habitación de un albergue,
sentado en la habitación dispersa, alejada de él, que
lo rodeaba de un ambiente taciturno, y en el espejo evitada
de nuevo la habitación,
y más tarde, vista desde el fondo de su torturadora cama, 
otra vez la habitación:entonces deliberaba esto al vacío,
imperceptiblemente, deliberaba a propósito de su corazón sensible,
esto deliberaba y juzgaba ese corazón:
no poseía nada del amor.
(...)
Rainer María Rilke. Fragmento de un Viraje decisivo

Kértesz



...DURANTE EL DIA HABLA A MENUDO EN VOZ ALTA...

Ewald vuelve a casa mas pronto, toma su té y se queda despierto hasta bien avanzada la noche, leyendo o trabajando. Cada vez que la ve se sienta a su lado, sonríe, y así su habitación se va volviendo más entrañable. Ahora se ocupa más de ella, lleva flores a casa, y durante el día habla a menudo en voz alta, como si ya no tuviera ningún secreto para estas cuatro paredes.(...)
 El joven encuentra todavía muchas cosas a favor del nuevo emplazamiento, como por ejemplo: que así puede mirar directamente a través de la ventana. Es como un cuadro. Este patio, donde los castaños pierden las hojas tan despacio(Pero¿son realmente castaños?) Una antigua fuente de piedra, totalmente oculta, mana y mana, como si fuera una canción, como un acompañamiento de todo...Incluso tiene un bajo relieve en la base. Sí, si se pudiera ver lo que representa. Lástima, oscurece tan pronto, habrá que encender las luces ahora mismo. Por otro lado, cuando fuera no sopla viento, como ahora !qué lentas caen las hojas entonces, que ridículamente lentas...! una de ellas se queda casi quieta en el denso aire húmedo y mira hacia dentro, tan cerca que la nariz se le aplasta contra los cristales, y las facciones adquieren un aire aplatanado, vampiresco, febril...

            Rainer María Rilke. Ewald Tragy

Paul Klee-El artista escribiendo en la ventana-1900
Rainer Maria Rilke
Rilke en Meudon-1900

lunes, 21 de mayo de 2012

El cuarto de trabajo de F.

El cuarto de trabajo de Kafka descrito por Max Brod daba a la calle Niklas, muy a la izquierda en el piso superior tenía una ventana. Desde allí se podía contemplar una figura humana de estilo barroco de tamaño mayor que el natural, adosada a la iglesia rusa.

Túmulo de Heinrich Von Kleist